Caballos galopando

Caballos galopando

lunes, 23 de enero de 2017

Uganda 2016. Sexta jornada: con nuestros parientes cercanos, los gorilas de montaña.

Uganda 206: Gorilla Teekking en el Bwindi Impenetrable National Park-The Neck-Kihihi. 
(13 de Octubre 2016)

Uno de los días más inolvidables de este viaje. Estar cara a cara con una familia de gorilas de montaña es como ver a tus antepasados australocipécidos hace centenares de miles de años en Africa, la cuna de la Humanidad.  La sensación de humanidad, diría incluso que de cercanía genética, que te transmiten sus rostros no la he visto con otros primates. Cuando te miran desde el fondo de sus profundos ojos, miras como manipulan delicadamente las hojas con sus manos o ves la curiosidad de los pequeños te ves reflejado en un espejo: así era yo en los albores de la humanidad. A los que niegan las teorías evolucionistas les aconsejaría que pasasen un rato con estos grandes (en toda la extensión del término) primates. 

Sorprende la tranquilidad y la ausencia de sensación de peligro que sientes al estar al lado de estos nuestros parientes cercanos. Son extraordinariamente tranquilos, los jóvenes obviamente son más curiosos y sólo el espalda plateada o silverback me pareció mucho más huraño. Ya sabíamos que que en caso de que se acerquen hay que adoptar una postura de sumisión. Sólo en un momento una hembra joven paso rozando a una chica del grupo, que se asustó bastante por cierto. Hay que entender que estábamos en "su casa" y que es hasta cierto punto normal que pasen estos pequeños incidentes. Más divertido fué lo que le paso a Carlos (Charlie), al que un joven le dió un manotazo a su móvil, que pudo recuperar sin problemas. A la entrada del parque ya te recuerdan la distancia de seguridad (unos 7 m). Lo cierto es que tuvimos al espalda plateada bastante más cerca y no se nos puso agresivo ni amenazante. 


Distancia de seguridad al silverback

Aunque me llevé el teleobjetivo la verdad es que con un tele corto es más que suficiente y, si me apuraís, con un móvil también, aunque en este caso notaréís la falta de luz. En más de una ocasión tenía que retroceder con el zoom a 70 mm, lo que una idea de lo cerca que ves a estos primates. Las condiciones de luz son difíciles, ya que o estaban a la sombra con poca luz o les daba un sol directo con una luz muy dura. Las fotos llevan un buen trabajo de edición por ello. 


Parece que nos diga: que pesados que estaís con las fotos...

Hay que aclarar que para visitarlos hay que pajar un "peaje" o "impuesto revolucionario" de 500 dolares, que duelen lo suyo, pero al menos una vez en la vida hay que hacerlo. Confieso que repetiría la experiencia a pesar del precio. Esa hora de reloj que te dejan estar pasa increíblemente rápido. Por otro lado pensad que en Rwanda vale el doble verlos. Con los pocos que quedan en el mundo no tardeis mucho en irlos a ver.

La visita se hace en pequeños grupos con guías tras una pequeña charla. Previamente otros trabajadores del parque (creo que llamados trackers) localizan las familias de gorilas y lo comunican a los guías del Parque. Son muy atentos y están siempre pendientes para que veas mejor a los gorilas. Nuestro grupo eramos yo mismo y Carlos, dos jóvenes suizos y una americana madurita bastante obesa que ya vimos que le costaría llegar. De hecho lo quiso dejar a mitad del camino, pero uno de los guías insistió mucho y la ayudó pacientemente para que lograra su objetivo. A la vuelta iba muy cansada, pero entre todos la animamos.


Carlos señalando la pequeña zona
 dónde viven los gorilas.

Los gorilas de montaña (Gorilla beringuei) viven en pequeños grupos liderados por un silverback dominante. En estos grupos viven ademas varias hembras, sus crías y algunos machos jóvenes, hasta que se independizan del grupo o desafían al espalda plateada. Suelen haber entre 2 y 10 individuos, pero hay grupos mayores de hasta 30 individuos. Las hembras suelen parir de 1 a 3 crías tras una gestación de 8,5 meses. Viven una media de 40 años y los grandes machos llegan a pesar hasta 210 Kg. 

Su alimentación es casi exclusivamente vegetariana (hojas y frutos), aunque pueden comer también hormigas y termitas. Como podeís suponer su gran tamaño les obliga a estar comiendo 5-6 horas al día y desplazarse por la selva en busca de alimento. Suelen moverse alrededor de 1 Km al día en un territorio que oscila entre 10 y 30 kilómetros cuadrados. 

Son una especie en peligro de extinción, ya que viven solamente en una pequeña zona entre Uganda, Rwanda y el Congo. Se calcula que hay unos 880 ejemplares, de los cuales la mitad aproximadamente viven en el Bwindi Impenetrable National Park y el resto en la zona de los volcanes de Virunga, entre Uganda, Rwanda y el Congo. Pensad que son dos zona de distribución muy pequeñas, de apenas 20x40 km. Afortunadamente estas poblaciones están muy controladas y el turismo ecológico supone una fuente de riqueza para la zona. Ojalá todo este dinero fuera  para la conservación de los gorilas y para los habitantes de la zona. 


Area de distribución de los gorilas de montaña

Tras la correspondiente charla de rigor nos dirigimos con los guías hacia el bosque, por el mismo camino de la jornada anterior. La americana se fatigaba muchísimo y quiso abandonar, por lo que nuestros guías optaron por hacer dos grupos y uno de ellos se quedó con ella para animarla. Al final su esfuerzo valió la pena. Llegó un momento en que abandonamos el camino para buscarlos, a través de un bosque bastante enmarañado, sobre todo por helechos y arbustos. 


Camino de los gorilas vemos los volcanes de Virunga, fronterizos con Rwanda.
Posiblemente el de la imagen sea el Muhabura, con una altitud de 4127 m. 

Enseguida topamos con los gorilas, que estaban agrupados comiendo hojas de unas enredaderas. Al principio te dan un poco de respeto, pero enseguida ves que están en su casa y que no les molestan demasiado sus parientes, a los que están bastante acostumbrados. El más huraño era el silverback, que estaba medio escondido, por lo que apenas le pude hacer fotos. Los más curiosos los pequeños y las hembras, que son muy tranquilas. A pesar de ello la experiencia sigue siendo inolvidable y os puedo asegurar que la hora que te dejan estar con ellos pasa volando. Os dejo con las imágenes, que valen más que mil palabras. Notareís algunas diferencias en el color, ya que están tomadas con dos cámaras distintas. Las he ordenado por individuos, ya que creo que así podreís disfrutar más de la expresividad de estos parientes tan cercanos. Empezamos con una hembra con su ya crecidito retoño. 

Nuestra hembra con su cría. Estaba tan tranquila y apenas se movió.


Rascándose tranquilamente...

Aún mas cerca.

Ahora ya con el teleobjetivo. Sorprende la intensidad y la tristeza de su mirada. 

Otro primer plano. 

El jovencito/ta  se le acercó y se puso a mamar o a jugar más bien.
Igual que mi sobrina Beth...

El retoño era muy confiado y se dejó fotografiar de todas las poses y maneras. Realmente era extraordinariamente fotogénico y pareció disfrutar tanto como nosotros de la sesión fotográfica. 


¿No os recuerda al Planeta de los Simios?

Para reforzar aún más lo anterior en una pose muy humana. 

Realmente era muy "mono". 

Aunque podía enfurecer la mirada. 

Igualito que los malos del Planeta de los Simios...

Aquí parecía estar un poco harto ya de la sesión. 

Que seguramente le dió hambre. Fíjaros en la delicadeza de las manos. 

El ágape del jovenzuelo. 

Este otro ejemplar parecía una vieja hembra, que posiblemente ya había perdido la fertilidad. Sin embargo permanecía al amparo del grupo, gozando de su seguridad y protección. Estaba muy escondida y en una zona muy oscura y las imágenes exigían una alta sensibilidad. 

Posiblemente nuestra hembra ya "jubilada", pero con "pensión"... 

Detalle del ejemplar. 

Los individuos jóvenes trepan perfectamente y en ocasiones los vimos encaramados a los árboles, aunque no son unos primates tan trepadores como los colobos o los propios chimpancés. Sin duda su peso les dificulta tal actividad. No me imagino al silverback con sus 200 Kg subiendo por delgadas ramas. 

Rollizo joven demostrando sus dotes trepadoras. 

Otro ejemplar muy confiado era esta posible hembra, distinguible por una deformidad en la nariz. Lo cierto es que en el parque habían fotos de cada familia con su nombre correspondiente y todos eran diferentes, como los humanos. 

Impresiona lo profundo de su mirada. 

Perfil a contraluz. 

Con una pose un poco más divertida. 

Las manos son tremendamente "humanas" y manipulan con gran delicadeza. 

Los individuos del grupo estaban dispersos en una reducida área, alimentándose o, más frecuentemente retozando indolentemente. La zona era bastante enmarañada y por ello salen hojas y ramas por en medio con frecuencia. 

Otro miembro de la familia en aparente meditación. 

Como he comentado los jóvenes eran los más curiosos y con frecuencia se apartaban de sus madres para ver a tan pintorescos visitantes. Uno de ellos tenía semanas y se asomaba tímidamente detrás de las ramas. Sus grandes ojos mirándote son una de las escenas del viaje que genera más recuerdos. Sobran los comentarios a pie de foto.  





Tanto nosotros como el grupo iba descendiendo por la ladera, en dirección al camino del día anterior. De hecho, posiblemente, este grupo familiar es el que habíamos visto ya. Se desplazaron a una zona algo más abierta, en la que el sol impactaba directamente contra su negro y lustroso plumaje. Aquí teneís a otro miembro del grupo comiendo tranquilamente. De nuevo sobran los comentarios. Os dejo varias imágenes porque no sé cúal me gusta más. 






Ya os he comentado que algunos machos jóvenes viven con el grupo hasta que se independizan. Algunos eran ya de notorio tamaño, como el que os muestro a continuación. Poco le debe de quedar ya en el grupo, porque no pueden haber más de dos machos dominantes. Lo teníamos a 2-3 metros, comiendo tranquilamente. 





Cuando son de pequeño tamaño nos recuerdan bastante a los chimpancés, especialmente por su forma de moverse. Luego ya se vuelven más cabezones, barrigudos y grandes y confundirlos es más difícil. Como muestra este otro joven. 


En el grupo habían jóvenes de todos los tamaños y edades, desde el casi lactante de antes al los diversos jovenzuelos que os he mostrado, pasando por algunos más mayorcitos que el pequeñajo de las fotos. Todos son muy bonitos y te dan ganas de cogerlos y abrazarlos, cosa que evidentemente no hicimos. El de la foto había bajado hasta el camino del día anterior y era encantador. 


Este otro joven ejemplar tenía una cara especialmente espabilada. Estaba como los demás en medio de la espesura, mirando tranquilamente como nos movíamos entre su familia. Hasta detecto un tono irónico en sus rasgos. 


Las hembras eran abundantes, algunas de notorio tamaño también, aunque sin llegar al tamaño de los machos. La que os muestro a continuación me llamó la atención por el envejecido aspecto de sus manos. Se le veían artrósicas, como las de nuestros abueletes. 

Posiblemente ya tenía hasta cataratas...

Eso sí...el hambre no la perdía... 

Aunque los miembros de la familia se distinguían bastante bien, en algún caso con los ejemplares más jóvenes  tengo alguna duda. La siguiente imagen podría corresponder al joven de antes. Pero es tan mono que prefiero dejarla. 



Como os he comentado habían algunos machos jóvenes. Los más ligeritos de peso se encaramaban a las ramas para alimentarse, no dudando para ello en tronchar ramas de notorio grosor como si fueran un palillo de dientes. 


Momentos antes de cargarse la rama. 

Para acabar os dejo las imágenes del espalda plateada o silverback. Era más huraño y cuando se movía el grupo se desplazaba con él. No pude fotografiarle bien de frente, aunque se aprecia perfectamente la espalda plateada y la rotundidad de sus formas. Casi lo mejor es el video alimentándose. 

Silverback comiendo. 

Alejándose de nosotros la primera vez que lo vimos. 
Se aprecia perfectamente el tono plateado de la espalda. 

Lo volvimos a ver otra vez de espaldas. Tenía un cabezón inmenso. 

De nuevo se alejó y se metió en la espesura. Los trackers interpretaban
perfectamente los gruñidos que emitía y se comunican toscamente con ellos. 

Acabamos en el fondo del valle, en el camino por el que pasamos el día anterior. La americana estaba agotada pero feliz y las pasó canutas en el empinado sendero de vuelta. Pero logró su propósito y tiene mucho mérito por ello. Recuerdo que llevaba una foto de su hija colgada en la mochila. Posiblemente estaba cumpliendo algún tipo de promesa. 

En resumen una experiencia inolvidable. Volvería a repetirla sin duda alguna. Y si fuera millonario iría cada año. Compartir unos instantes con nuestros parientes más cercanos es una vivencia inenarrable. Espero que con estos textos y fotos os haya transmitido al menos una infinitesimal parte de ella. No lo dudeís: si vais al centro de África ir a visitar a nuestros tranquilos, bellos y sabios ancestros. 

Final del trekking de los gorilas. En media hora volvimos a la entrada del Parque. 

Tras nuestro encuentro con los gorilas de montaña nos reunimos con Toni y Oriol, que estaban pajareando por el bosque con Alfred. El resto de la mañana la dedicamos a visitar el Bwindi Impenetrable National Park, concretamente en una zona llamada The Neck, con una exhuberante vegetación y, como vereís, aves muy interesantes.  Comimos en el campo, en plan picnic. 

Un país lleno de humanidad. 

Encuentras niños detrás de cada recodo del camino. 

La periferia del Parque está ampliamente ocupada por cultivos de té. 

Atravesando un cristalino río, en la zona llamada The Neck. 

Tony y Oriol tras dar cuenta del picnic. 

En agradable conversación tras la comida. 

Pajareando por la pista. Tony nos recogía a intervalos con la furgoneta. 

Curiosos termiteros. 

A continuación os dejo algunos ejemplos de la flora local. Los helechos eran especialmente grandes y bonitos. Algunos eran arborescentes, aunque sin el tamaño de los de Oceanía. 







Vimos esta delgada serpiente entre las enredaderas. 

Guereza abisinio o colobo negro y blanco o Guereza Colobus 
(Colobus guereza) con su cría. 

Otro ejemplar luciendo su larga cola. Les sirve para
equilibrarse en sus saltos entre las ramas. 

Capuchino bicolor o Black-and-white Mannikin (Lonchura bicolor). 

Abejaruco negro o Black Bee-eater (Merops gularis). 

Lástima que estuvieran tan lejos porque son muy bonitos. 

Papamoscas pizarroso o Dusky-blue Flycatcher (Muscicapa comitata). 

Martín pescador malaquita o Malachite Kingfisher (Alcedo cristata). 

Bias llameante o African Shrike-flycatcher (Megabyas flammulatus). 

Barbudito culigualdo o Yellow-rumped Tinkebird (Pogoniulus bilineatus). 

Lástima de esas ramas...

Nos desplazamos a continuación por una zona muy bonita, con predominio del cultivo del te, en laderas aterrazadas. Su cultivo no está mecanizado ya que las hojas se recogen a mano. Nos llamó la atención que a pesar de la teórica riqueza del cultivo la gente era más pobre. Los niños iban casi todos descalzos y vestidos con harapos. 

Abandonando el Bwindi Impenetrable Forest. 

Algunos árboles eran realmente inmensos. 

La pista nos lleva por incontable valles en los que el te es casi un monocultivo. 

Siempre muy expresivos. 

Realmente era una zona muy pobre, al menos para la gente. 

Golondrina colilarga o Wire-tailed-Swallow (Hirundo smithii). 
Aclaro que estaba mudando la cola...

Aguila de Wahlberg o Wahlberg's Eagle (Aquila wahlbergui). 

Acabamos la jornada en la localidad de Kihihi. Dormimos en una especie de hotel de carretera llamado Kihihi Travellers Inn. Es el alojamiento que menos me gustó, aunque nuestros guías estaban encantados con las camareras ruandesas, que para ellos son especialmente atractivas. Hay que recordar que el prototipo de belleza ugandés tiende más bien hacia unas rotundas posaderas con una región pectoral más discreta. Les aclaramos que nuestros estándares tienden más bien a una distribución inversa. Antes de cenar dimos un agradable paseo al atardecer por los alrededores, con interesantes observaciones. 

En el Kihihi Travellers Inn. 

Los chavales alucinaban al ver tan cerca  los pájaros. 

La chiquillería se nos echó encima enseguida, como es normal en estos países. Tienen pocas novedades y aquel grupo de blanquitos realizando tan extrañas actividades para ellos era toda una noticia. Intente pillarlos distraídos con el tele y la pantalla abatible girada, con buenos resultados. Si te ven con el ojo en el visor hacen demasiadas payasadas. 





Lantana spp. Aquí es una flor ornamental, pero allí es un arbusto
omnipresente como aquí lo serían los brezos, romeros o jaras. 

Hembra de Viuda senagalesa o Village Indigobird (Vidua chalybeata). 

Y éste se supone que es el macho. 

Serín azufrado o Brimstone canary (Serinus sulphuratus). 

Alcotán europeo o Eurasian Hobby (Falco subbuteo). 

Puesta de sol en Kihihi. 















4 comentarios:

  1. Espectacular Josemi gracias por compartirlo!

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  2. Gracias David. ES una experiencia inolvidable.

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  3. Esta descripcion de la natural sensibilidad de estos animales me recuerda el libro de Dian Fossey. Las photos de la biodiversidad de Uganda son muy bonitas, quizas especialmente las de su gente. Tiene que ser un pais fascinante, con una relacion hombre-naturaleza muy complejo. Gracias para compartir este viaje con nosotros!

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  4. Gracias Sara. Un país para volver y volver...

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