Caballos galopando

Caballos galopando

miércoles, 5 de agosto de 2015

León y los Montes Aquilianos

León y los Montes Aquilianos (17 y 18 de Junio de 2015)

Relato de unas breves vacaciones en Galicia y el norte de Portugal. La excusa era que Oriol viese la aldea donde nació su abuelo y la motivación de fondo visitar el norte de Portugal, muy cerca de los concellos de Ourense donde nació y moró en su juventud mi suegro. 

Por curiosidades del destino, muy cerca, ya en Lugo, al otro lado del Sil, que corre mansamente represado entre unos expectaculares cañones, está la casa de los padres de Manel, compañero de trabajo, aunque su padre era de Ourense, más cerca de la aldea natal de mi suegro. Y aún más curioso es que Rosario, también compañera de trabajo, veranease años también en Lugo, justo al otro lado del Sil. 

Paradas obligadas para nosotros, por los buenos recuerdos de viajes anteriores, fueron Soria y sus magníficos pinares y como no León, ciudad de otra compañera de trabajo y de residencia, Ana. 


Ermita de La Blanca, saliendo de Soria, en Cabrejas del PInar. 

Macho de pinzón común (Fringilla coelebs) en el mismo lugar. 

Pernoctamos en León, cuyo casco antiguo vale la pena visitar. La ciudad de León es algo más que su magnífica catedral (ahora la están restaurando), célebre por sus magníficas vidrieras. Vale la pena pasear por sus callejas y cenar en cualquiera de los múltiples locales de la zona, sea de tapeo o de plato. 

Asomando entre bloques la Catedral de León. 

Vista de la fachada. El resto estaba lleno de andamios. 

Plaza Mayor de León. 

Parece que vale casi cualquier color en la fachada...

Más tranquila y bonita que la Plaza Mayor y con un bonito
empredrado es la Plaza del Grano. Aquí cenamos. 

Callejeando, no sabemos si por calles del pecado...(Los Secretos...)

Filosofía de primera a la vuelta de cualquier esquina. 

Abandonamos León para dirigirnos a Ourense pasando por uno de los rincones más bellos de la provincia y yo diría que de España. Estuvimos hace 25 años y quedamos prendados de la solitaria belleza de los Montes Aquilianos y del Valle del Silencio. Por desgracia Peñalba de Santiago ya no es lo que era y ahora esta plagado de bares, restaurantes, tiendas de recuerdos y el suelo ya no es de tierra sino de un simétrico empedrado. Por suerte "descubrimos" un pueblo sin mancillar todavía, con segundas residencias, pero sin nada mas: Carracedo de Compludo. Pero la policromía de las montañas y esa sensación de Silencio (con mayúsculas) y Soledad (idem de idem) persiten. 

Desde lo alto Carracedo de Compludo. Lo vimos y enseguida 
deseamos hollar sus calles. 

Llegando a Carracedo de Compludo una extraordinaria policromia
de ginestas en flor y brezos. Un mes antes sería aún más bonito,
puesto que las flores lilas del brezo ya estaban pasadas. 

Vale la pena pasear por este solitario pueblo, al lado de un rio cuyas aguas saltan cantarinas alegrando nuestro paseo, con la panorámica de los Montes Aquilianos llenos de colorido. Es como Peñalba de Santiago hace 25 o 30 años. Muchas casas son segundas residencias, bien restauradas, por lo que esperemos que se conserve en el tiempo. 









Digital (Digitalis purpúrea). 

Camino de Peñalba de Santiago vale la pena visitar la herrería de Compludo, restaurada totalmente, a la que se accede tras un bonito paseo de 5 minutos por un magnífico bosque de ribera. A continuación tomamos una pista de montaña, no apta para vehículos normales, para llegar directamente a Peñalba de Santiago evitando la estrecha y transitada carretera. Aproveché para fotografiar alguna de la fauna local. 

Herrería de Compludo. 

Ortiguera (Aglais urticae)

Macho en celo de lagartija colilarga (Psammodromus algirus). 
Se reconoce dicho estado por el color anaranjado de cabeza y garganta. 


Limonera (Gonepteryx rhamni). 

Montes de León. 

Detalle del colorido. 

Llegando a Peñalba de Santiago por pista. Las vistas son expectaculares 
y más bonitas que desde la carretera. 

Valle del Silencio. 

Entre castaños un colorido casi infernal. 

Peñalba de Santiago ha perdido parte de su encanto, pero sigue siendo un pueblo precioso. Sigue todavía el bar de Paco, aunque ahora lo lleva más su hijo. Por cierto, nos metieron una "clavada" notoria a cambio de un café infame de calcetín. El suelo esta totalmente empredrado, con una simetría excesiva a mi juicio, y ahora está lleno de bares y restaurantes. Han tenido que habilitar 2 parkings para la avalancha turística, atraída sobre todo por su notoria iglesia del Siglo X, joya de la arquitectura mozárabe. También se estaba restaurando y era imposible de fotografiar. Vale la pena hacer una excursión a la cueva de San Genadio, ermitaño que se retiró a dicha cueva tras ser obispo de Astorga. Obviamente esta cueva no es como la "cueva" a la que se ha retirado Rouco Varela...Os dejo con unas imágenes del pueblo.